Antes de que existieran las máquinas, comunidades enteras tallaron montañas a mano para poder cultivar arroz en pendientes imposibles. El resultado son laderas escalonadas que cambian de color con las estaciones: verdes tras la siembra, plateadas cuando los campos se inundan y doradas cuando llega la cosecha.
Para el viajero, el momento exacto del año marca la diferencia entre una foto bonita y una imagen inolvidable. Estas cinco terrazas son razón suficiente para planear un viaje en función del calendario.
1. Mu Cang Chai, Vietnam

En la provincia de Yen Bai, al norte del país, las laderas se pintan de amarillo intenso entre mediados de septiembre y comienzos de octubre, cuando el arroz está maduro.
Las terrazas, obra de la minoría H’Mong, fueron declaradas patrimonio nacional en 2007. También se pueden ver en mayo y junio, cuando los campos se inundan y reflejan el cielo como espejos.
2. Yuanyang, China

Las terrazas de los hani, en la provincia de Yunnan, forman parte de la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 2013. Están a unos 1,800 metros de altura y se extienden por miles de hectáreas.
Entre octubre y marzo, los campos están inundados y los amaneceres se reflejan en el agua, lo que atrae a fotógrafos de todo el mundo.
3. Jatiluwih, Bali (Indonesia)

Menos concurridas que las de Tegallalang, estas terrazas ofrecen una sensación de amplitud y calma. Forman parte del sistema tradicional de riego balinés llamado subak, que la UNESCO reconoce como Patrimonio de la Humanidad.
Recorrerlas a pie, sin prisa, es una de las mejores formas de conocer la isla más allá de sus playas.
4. Batad, Filipinas

En las montañas de Ifugao, estas terrazas forman un anfiteatro natural al que se llega tras una caminata corta, lo que ayuda a mantenerlas más tranquilas.
Los antepasados de los igorot las tallaron a mano hace siglos. La mejor época para recorrerlas suele ser la estación seca, de noviembre a abril.
5. Longji, China

En la provincia de Guangxi, estas terrazas se visitan sobre todo en primavera, de abril a junio, cuando los campos se llenan de agua, y en otoño, de septiembre a octubre, cuando el arroz madura.
Ambas ventanas ofrecen un paisaje distinto, uno de espejos y otro de oro.
Sharon Jazmín Sabbagh

























