“La soberbia es una discapacidad que suele afectar a pobres infelices mortales, que se encuentran de golpe con una miserable cuota de poder”, dijo el General José de San Martin.
Y en este contexto esta el cónsul Argentino en Republica Dominicana.
Vamos a los hechos.
Todo comenzó con una secreta idea que Romeo (no mencionaremos su nombre) tuvo para proponerle matrimonio a Julieta ( o mencionaremos su nombre ).
Romeo es un conocido argentino, condecorado muchas veces, que hizo mucho por su país. Quizás y sin que muchos lo sepan, es uno de los Argentinos más condecorados del mundo.
Julieta, es una dominicana simple, de campo, muy bella, que conoció hace 17 años a Romeo y que viven juntos y se llevan bien.
Como Romeo viajaba mucho por su trabajo, y vivía con Julieta, nunca se le ocurrió casarse, ya que no había necesidad. Estaban juntos porque querían.
Julieta es una ama de casa, que mantiene su casa en orden, cocinando a gusto de Romeo, que con su trabajo podía mantener un buen ritmo de vida.
Julieta había conocido a la madre de Romeo, y en las veces que ella vino a visitarlos, se llevaron muy bien. Se querían mucho.
Cuando la madre de Romeo falleció, también le afectó a Julieta, ya que la veía como una segunda madre a ella.
La madre de Julieta, una mujer muy querida, llama cada día a Romeo para darle sus buenas bendiciones. Todos han sido armónicos entre ellos.
Hace poco Romeo se le ocurrió que debía hacerle un homenaje a su madre luego de unos años de fallecimiento, y qué mejor que llevarla a Julieta a la Argentina.
Romeo tiró la cenizas de su madre en la playa Varese en Mar del Plata, la ciudad más turística de Argentina. Así lo quería ella, a pesar de que la religión no lo permitía, pero ella lo quiso así y Romeo accedió.
Pero, Romeo tenía otros planes además de la ceremonia a su madre, y esos planes era pedir a Julieta en Matrimonio en el Torreón del Monje, cerca de donde depositó las cenizas de su madre.
Para ello debía sacarle la visa de turista a Julieta, ya que argentina no permite a los dominicanos ingresar sin visa.
Romeo pidió los requisitos al consulado Argentino en Santo Domingo, y él los preparó todo, ya que Julieta no es una persona de llevar este tipo de aplicaciones. Como dije, ella es una simple mujer nacida en el campo.
El requisito pedía que hagan las reservas de boletos y hospedaje. Romeo envió un email diciendo que si debe de comprar el paquete de vuelos y hotel, pero el consulado respondió que no lo haga, hasta que no tenga visa.
Romeo odiaba conducir de Puerto Plata a Santo Domingo (4 a 5 horas), y contrató a un chofer con su auto.
Antes de ello, Romeo consiguió el teléfono de la embajadora Argentina en República Dominicana, y le escribió para decirle quien era, todo lo que hizo por su país, y que iba a sacarle la visa a su novia.
Cuando llegó al consulado, Romeo le dio a la secretaría de la embajadora, su libro que escribió de toda una vida muy ajetreada y que se vende en español e inglés en todo el mundo. La embajadora no salió ni a decir gracias.
Luego de una espera, sale una secretaria argentina a decir que le faltan las reservas y hotel. Romeo respondió que el mismo consulado dijo que no las haga, y que no necesita hotel ya que su amigo tiene muchos departamentos y le facilitaba uno de ellos.
La secretaria, de mala manera, dijo que no, que necesitaba reservas de vuelos y hotel o carta del amigo invitando a su casa. No olvidemos que Romeo es Argentino y tiene amigos y familiares en Argentina, y no necesita de eso.
Con toda la bronca del mundo, Romeo salió del consulado con Julieta llorando, viendo como su mismo país y su gente lo estaba traicionando. Él sabía y por otras amistades, que muchas visas se las dan sin preguntar nada, solo por amistad con los funcionarios.
Pero Romeo no se entregó, él quería llevar a Julieta a la Argentina para hacer la ceremonia a su madre y luego pedirle matrimonio a su novia de tantos años.
Volvió a preparar todo. Hizo las reservas de vuelo y consiguió dos invitaciones a hospedarse en Argentina, en un apartamento de un amigo en Buenos Aires (confirmado por email) y otro de Mar del Plata, donde le alquilaba el apartamento a una señora que lo confirmó por email y todo estaba impreso. Todo esto a pesar que Romeo puede pagar el mejor hotel).
Envió todo escaneado al consulado y les dijo que por favor aseguren que todo estaba bien, porque no quería volver en vano. Al rato el consulado responde que sí, que todo está bien y que vayan.
Volvió a contratar a chofer con su auto y volvió a hacer el tedioso viaje a la capital para ir al consulado.
Cuando llegaron, lo atendió una amable Dominicana, que revisó todo y vio que todo lo presentado estaba en orden. Al rato la Dominicana le dio a Julieta un papel para pagar la cuota de 9000 pesos (150 dólares), por la visa. Ella fue al banco, pagó y regresó con el recibo.
Julieta con la cara contenta pensando que la visa estaba aprobada, esperó unos minutos. Al rato viene la Dominicana y le dice a Julieta que pase a una consulta, pero que Romeo no puede entrar. Pero porque dijo el ?? Romeo preparó todo, y tenía las respuestas a cualquier pregunta. No dijo la mujer.
Pues luego de unos 45 minutos minutos y con abuso de autoridad y con la miserable cuota de poder que tienen los diplomáticos, el cónsul Argentino en República Dominicana, (JO, las iniciales de su nombre y apellido), abuso con preguntas inverosímiles a Julieta, sin dejar pasar a Romeo para explicar que el lleno todo y que el que le estaba invitando para la ceremonia a su madre y luego el pedido de matrimonio.
Él cónsul (JO) con su miserable abuso de autoridad, no quiso dejar que Romeo le explique del viaje.
Romeo enojado pidió hablar desesperado con el cónsul, pero no solo se lo negó, sino que este llamó a un policía para que eche a Romeo, que tuvo que retirarse humillado del consulado, viendo cómo su país lo traicionó, a través de un funcionario con odio.
Romeo hizo mucho por su país, y digo mucho, tanto que lo contó un libro.
Pero el problema es que la envidia y la soberbia de los funcionarios Argentinos, como este desalmado y despreciable cónsul, que muy probable estaba confabulado con la embajadora, dejó a Romeo sin una ilusión y a Julieta llorando desconsoladamente, y amasando un odio hacia la Argentina, gracias a estos déspotas de funcionarios.
Y seguro que este despreciable cónsul, que tiene su miserable cuota de poder, se habrá alegrado de hacerle un daño a un compatriota, que hizo mil cosas más que él por su país, cosas que el despreciable cónsul jamás en 20 vidas lo hará.
Enrique Kogan























