Hay destinos de playa a los que se llega tras horas de autopista y embotellamientos interminables. Y luego están esos lugares donde el tren se convierte en una especie de alfombra mágica que te deja prácticamente con el sonido del mar entrando por la ventanilla.

En esas estaciones, el paisaje cambia de golpe: túneles, campos o barrios residenciales dan paso a una franja azul que ocupa todo el horizonte. La experiencia de llegar ya es tan especial que uno siente que el viaje empezó mucho antes de poner un pie en la arena. Estas cinco estaciones de tren junto al mar demuestran que, a veces, lo mejor de un destino comienza unos minutos antes del andén.

1. Jeongdongjin, Corea del Sur

Jeongdongjin es famosa por tener una de las estaciones de tren más cercanas al mar en todo el planeta. Los vagones avanzan pegados a la costa del mar de Japón y, al llegar, la plataforma queda a pocos metros de la arena, con las olas casi en paralelo a las vías.

Es un lugar muy popular para ver el amanecer: hay trenes que llegan de madrugada y los viajeros esperan en la playa a que el sol aparezca sobre el agua. La combinación de un pequeño andén sencillo, el sonido constante del oleaje y la luz rosada del amanecer convierte la llegada en una escena que parece sacada de una película.

2. Estación de Monterosso, Cinque Terre, Italia

En la costa ligur, la estación de Monterosso al Mare se abre directamente al Mediterráneo tras una sucesión de túneles que conectan los pueblos de Cinque Terre. El tren llega flanqueado por acantilados y, al detenerse, basta cruzar un paso subterráneo para estar en el paseo marítimo y ver las sombrillas de colores alineadas en la playa.

La sensación es que el viaje en tren condensa en minutos todo lo que se espera de la región: mar turquesa, casas en tonos pastel y montañas cubiertas de viñedos detrás. Para muchos viajeros, ese momento en el que se baja del vagón y se escucha por primera vez el ruido del mar es el verdadero inicio de las vacaciones.

3. St Ives, Cornualles, Reino Unido

La pequeña estación de St Ives está tan cerca del mar que el último tramo de la línea parece diseñado para lucir la bahía como si fuera un escenario. El tren serpentea junto a la costa, con playas de arena clara y agua de un azul inesperado para el sur de Inglaterra, y se detiene a pocos minutos a pie del puerto y de la playa principal.

Desde el andén ya se ve el mar y, al salir, el aire salado y las gaviotas marcan la transición inmediata entre el viaje y el descanso. Es uno de esos lugares donde llegar en tren tiene más sentido que llegar en coche, porque el trayecto final es, en sí mismo, parte del encanto del destino.

4. Estación de Cais do Sodré, Lisboa, Portugal

Cais do Sodré funciona como nodo de tren, metro y ferris, pero también como puerta directa al estuario del Tajo y, unos minutos más allá, a las playas de la costa de Lisboa. Desde el andén, el agua está siempre presente: basta salir y caminar junto a la orilla para ver barcos, tranvías y el puente 25 de Abril recortado sobre el río.

Desde esta estación parten los trenes que siguen la línea de costa hacia Cascais, con tramos donde las vías discurren tan cerca del mar que parece que el tren vaya flotando. Tomar uno de esos vagones tras llegar a Cais do Sodré convierte el simple traslado en un pequeño viaje escénico.

5. Estación de Brighton, Reino Unido

La estación de Brighton se ubica en lo alto de una suave colina y, aunque no está pegada al agua, la ruta hasta el mar es tan sencilla que casi parece una prolongación del andén. Al salir, una calle amplia desciende en línea recta hacia el icónico muelle y la playa de piedras, con el mar apareciendo al fondo como si fuera un telón.

En menos de quince minutos caminando, el viajero pasa de los carteles de horarios y los puestos de café del hall a las atracciones del muelle y al olor a sal en el aire. Esa caminata corta desde la estación hasta el mar es parte de la identidad de la ciudad y uno de los grandes placeres de llegar a Brighton en tren.

Junior Marte